Buffalo Soldiers en la Guerra de Cuba de 1898

Frank Jastrzembski

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Frank Jastrzembski

Buffalo Soldiers en la Guerra de Cuba de 1898

“Siempre en la vanguardia de la civilización y en contacto con los más belicosos y salvajes indios de las Llanuras, los hombres y oficiales han soportado jovialmente muchas dificultades y privaciones, y en mitad de grandes peligros, categóricamente mantuvieron la más gallarda y ferviente devoción por el deber, y bien pueden estar orgullosos de los servicios prestados y tener la certeza de que el duro trabajo realizado en el desempeño de tan importante y valioso servicio para su país es bien sabido y apreciado, y por el que no faltará, antes o después, el debido reconocimiento y recompensa”

Coronel Benjamin H. Grierson, 10.º de Caballería

Los soldados negros dejaron su impronta en el campo de batalla desde el mismo momento en que fueron alistados en los Estados Unidos de América. La Proclamación de Emancipación del presidente Abraham Lincoln en 1863 allanó el camino para el reclutamiento de negros en el Ejército de la Unión, exhausto tras tres años de guerra, con la consiguiente liberación de millones de hombres de la esclavitud.

Muchos oficiales blancos eran reacios, o directamente estaban horrorizados, ante la idea de mandar soldados negros en batalla o incluso simplemente de permitirles portar armas. Algunos incluso advirtieron de que serían soldados despreciables. No podían estar más equivocados.

Las unidades de negros se ganarían pronto el reconocimiento por su heroísmo y entrega en batallas como Fort Wagner, Petersburg y Nashville. Unos 180 000 hombres vistieron el azul de la Unión durante la Guerra de Secesión y de no haber recurrido a ellos, no es descabellado pensar que la contienda podría haberse prolongado más allá de 1865.

Su coraje, disciplina y entrega durante la Guerra de Secesión llevó al Congreso a sancionar la creación de seis unidades negras en 1866: el 9.º y 10.º regimientos de Caballería, y el 38.º, 39.º, 40.º y 41.º regimientos de Infantería. Para noviembre de 1869, los cuatro regimientos de infantería fueron consolidados en dos, y rebautizados como 24.º y 25.º de Infantería. A pesar del excelente servicio de los soldados negros durante la Guerra de Secesión, algunos oficiales blancos que permanecieron en el Ejército de los EE. UU. no desterraron sus prejuicios, y la simple idea de ser destinados a dichos regimientos era motivo de consternación. Otros, sin embargo, se apresuraron a servir en estos nuevos regimientos, como Benjamin H. Grierson.

Los cuatro regimientos negros sirvieron en el Oeste y Suroeste de los Estados Unidos durante un periodo de treinta años, combatiendo en la frontera contra tribus apaches, cheyenes, arapahoes y comanches. Dotados de un equipo y un armamento inferior al de las unidades blancas, se ganaron, sin embargo, la admiración de sus superiores por su combatividad, su resiliencia y su lealtad. Wesley Merritt, teniente coronel con diez años de veteranía del 9.º de Caballería, proclamó que “siempre he considerado a la raza de color representada en el ejército como obediente, inteligente y devota en el desempeño del deber, aguerrida en batalla, disciplinada y de la máxima eficiencia en el cuidado de las monturas, armas y equipo”.

La batalla de Saline River exhibió las excelentes cualidades de los soldados de caballería negros. En agosto de 1867, la Compañía F del 10.º de Caballería rechazó una serie de ataques protagonizados por 400 guerreros cheyennes a lo largo de ocho horas. El valor y disciplina de estos soldados se convertiría en legendaria por gestas similares, y sus propios enemigos, los nativos americanos, conferirían a estos curtidos regimientos el apodo de “Buffalo Soldiers“.

Buffalo Soldiers en la Guerra de Cuba

Los cuatro veteranos regimientos de soldados negros participarían en la invasión estadounidense de Cuba en 1898. El 9.º y el 10.º regimientos de Caballería se encuadraron en la misma división junto con unidades blancas, bajo el mando del general Joseph Wheeler, de 61 años. El georgiano “Fighting Joe” Wheeler, que durante la Guerra de Secesión había servido en la Confederación, se veía ahora al mando de dos aguerridos regimientos negros.

Tras desembarcar en Daiquirí el 22 de junio, el V Cuerpo de Ejército (17 000 hombres) del general William Shafter puso rumbo a Santiago. El 10.º de Caballería servía en la misma brigada que otros dos regimientos blancos, el 1.er Regimiento de Caballería Voluntaria de los EE. UU. (los Rough Riders de Roosevelt) y el 1.er Regimiento de Caballería (regulares). El 24 de junio, Wheeler ordenó atropelladamente a sus hombres atacar a las unidades del general Antero Rubín que se retiraban en Las Guásimas. Los Rough Riders tropezaron con la densa jungla y se toparon con la retaguardia de Rubín. Detenidos por un graneado fuego de Mauser, compañías del 1.º y del 10.º acudieron al rescate, desatando “un devastador fuego de enfilada” sobre el flanco izquierdo español. La batalla acabó en tablas, pero los Buffalo Soldiers ayudaron en rectificar el estropicio de Wheeler.

El 9.º y el 10.º de Caballería vieron de nuevo acción en la batalla de Lomas de San Juan, el 1 de julio. Los hombres del 10.º de Caballería fueron despertados al amanecer en su campamento, cercano a la hacienda de El Pozo, y se les ordenó ponerse en marcha. Recorrieron un camino desde El Pozo hasta llegar al cruce del río San Juan, donde, mientras esperaban órdenes para asaltar la posición española en Kettle Hill, permanecieron expuestos al fuego de la artillería y los Mauser españoles. John J. Pershing, teniente primero del 10.º de Caballería (y posteriormente comandante de la American Expeditionary Force durante la Primera Guerra Mundial), recordaría que sus hombres se mantuvieron “tan serenos como si el silbido de las balas fuera zumbar de abejas”.

El exconfederado Wheeler corrió hasta Pershing y le ordenó avanzar sobre la posición española en Kettle Hill. El 10º de Caballería se desplegaría entre el 1.º, a su izquierda, y los Rough Riders, a su derecha. Los “yanquis ahumados” –como, según Roosevelt, los españoles llamaban a los Buffalo Soldiers– avanzaron hacia el frente atravesando las hierbas altas, gateando bajo las vallas de alambre de espino y saltando las alambradas, bajo una letal lluvia de fuego, hasta alcanzar la cresta de la colina. Los seis regimientos de caballería de Wheeler (alineados en este orden, de izquierda a derecha: 3.º, 6.º, 9.º, 1.º, 10.º y Rough Riders) se entremezclaron en la exitosa carga sobre Kettle Hill, y Pershing no pudo sino sentir admiración de cómo durante la misma, todos estos hombres lucharon juntos, “sin importarles la raza o el color o si les comandaba un exconfederado, únicamente conscientes de su deber común como estadounidenses”. Los soldados españoles se retiraron de Kettle Hill a una segunda y más fuerte posición, la colina de San Juan.

Las lomas de San Juan serían el siguiente objetivo de Wheeler. Las unidades estadounidenses, aún entremezcladas, descendieron Kettle Hill hacia un expuesto valle antes de remontar y asaltar la segunda posición defensiva española. Los soldados españoles presentaron una férrea resistencia, pero el momentum estaba del lado de los estadounidenses, que pelearon encarnizadamente por ocupar la posición. El sargento George Berry, del 10.º de Caballería, plantó la bandera de su regimiento y la del 3.º de Caballería (que había recogido tras caer herido su portaestandarte) en lo alto de la colina de San Juan.

El 10.º sufrió la pérdida de la mitad de sus oficiales (once de veintidós) y del 20% de sus efectivos durante esta acción. A la hora de explicar su papel en Lomas de San Juan, el coronel Roosevelt declaró más tarde que “no creo que ningún rough rider olvide jamás el vínculo que nos une con el 9.º y el 10.º de caballería”.

Los Buffalo Soldiers continuaron sirviendo con distinción durante la Guerra Filipino-Estadounidense, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, hasta que en 1948, el presidente Harry S. Truman ordenó la desegregación del Ejército de los Estados Unidos. Blancos y negros no combatirían más en unidades separadas, pero el legado de los Buffalo Soldiers perdura y, como expuso Grierson, estos hombres se ganaron su bien merecido “debido reconocimiento y recompensa”.

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